Viernes 7 de febrero de 2003 | Publicado en edición impresa para DIARIO LA NACIÓN
En el lago Gutiérrez, a 10 kilómetros de Bariloche, Víctor Katz asiste a los pescadores aficionados que buscan truchas.
SAN CARLOS DE BARILOCHE.– Lo suyo combina intuición y conocimiento. Tiene ciencia, pero también tiene mística. Lleva el oficio tan en la sangre que se apasiona de igual manera con un grupo de entendidos que con uno de novatos. Víctor Katz es uno de los guías de pesca de esta ciudad que pasan más horas atravesando lagos que en tierra firme.
Se ufana de ser el “primero y único con garantía de pesca”. La cosa es así: si en las cuatro horas que dura habitualmente la excursión no se pescó ninguna trucha, el viaje se prolonga hasta que se consigue el objetivo.
En un bote semirrígido de cinco metros de eslora, Katz guía hasta tres pasajeros. Lleva tres tipos de cañas: una línea de profundidad con plomo, que “bucea” por debajo de los veinte metros; un equipo down-rigger, que se sumerge unos nueve metros, y una caña de superficie para que los chicos y los pescadores compulsivos despunten el vicio. “Es raro pescar truchas en superficie”, aclara.
Diez años arriba del bote le permiten ciertas estadísticas: “El pique promedio es de una trucha por hora. Claro que cada salida es diferente”.
La temporada empezó inmejorable. “Las truchas se suicidaban –bromea–. El pique era increíble.” Pero el mal tiempo le aguó la buena racha. “Hace 16 días que la lluvia y los cambios de presión complicaron el pique”, dice con precisión matemática.
Mientras explica el funcionamiento de cada una, lanza sus cañas a las aguas del lago Gutiérrez. “¡A comer, truchitas!”, invita.
“En agua salada, traen mala suerte, pero en aguas dulces las mujeres son un buen augurio”, asegura, refiriéndose a la cronista. Katz se relaja y empieza la ronda de mate.
Cuenta que nació en Martínez, pero llegó a esta ciudad hace 23 años, hechizado por el esquí. “Estudiaba derecho y un día tuve una visión –recuerda–. Me vi en Tribunales, con 38°C de calor, y me espanté. Odio el calor. Junté mis cosas y me vine.” Desde entonces cada invierno surfea la nieve como instructor de esquí. En la pesca incursionó por gusto. Se compró un bote que invariablemente se llenaba de amigos. ¿Por qué no llenarlo de clientes durante el verano? Se recibió de guía de pesca y estrenó oficio.
Conoce con rigor cada zona de los lagos. El Nahuel Huapi es más ventoso, pero tiene animales más grandes. Allí pueden pescarse truchas arco iris y marrones, además de percas. El Gutiérrez es más sereno, pero las truchas son más chicas.
“Guías de pesca con botes habilitados por la Prefectura Naval seremos unos diez, cuatro con embarcaciones chicas y seis con grandes”, explica. De todos hay muchos que organizan salidas sin tener los permisos correspondientes.
Cada salida de medio día cuesta 230 pesos o 70 dólares. Por ese dinero pueden viajar hasta tres personas. También hay excursiones de día entero y programas especiales. La tarifa del resto de los guías es similar.
Las reglamentaciones establecen el permiso de pescar un ejemplar por persona que viaja en el bote. Pero Katz las adapta a la realidad de sus clientes. “Si no van a comerlas las devolvemos al lago. O si son chiquitas también. Me da más placer devolver que pescar”, confía.
Su único reparo es la lluvia. “No salgo si llueve, aunque paguen doble. Tengo la política de que el agua tiene que estar debajo del bote, nunca arriba”, aclara.
Por el bote de Katz pasaron pescadores de muchísimas nacionalidades. Alemanes, ingleses, australianos, japoneses, brasileños, chilenos. Muchas veces habla de onda, de la energía que ponen sus pasajeros. Esa parece ser la llave para tener buen pique. “El que quiere pescar pesca”, dice.
¿Anécdotas? Muchas. Casi tantas como horas en el agua. Se acuerda de una y ésa trae el recuerdo de otra. Y otra. Y otra. Como la del brasileño que predecía con hora y peso las truchas que iban a pescar. O una más reciente, en la que un hurón intrépido se subió a su bote, harto de nadar, y debió devolverlo a la orilla.
Pero hay algo que siempre lo llena de orgullo. Cada vez que un turista le confiesa que este paisaje es uno de los lugares más bellos del mundo. Este lugar espectacular que Katz eligió para vivir.
Por Cynthia Palacios
Enviada especial
Un comentario
Gabriel Copat escribió:
18 noviembre, 2010 a las 14:55 (UTC -3)
Thank you very much!!
Come to Patagonia!!